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Una Joven DREAMer Ayuda a Su Familia Superar la Barrera del Idioma

Thais Laguna nació a mediados de los años 90 en la Ciudad de México, y su vida temprana la pasó criándose en las partes más peligrosas del pueblo. Su madre era joven, sin habilidad de poder terminar sus estudios, y distanciada de su familia—pero no dejó que esto la detendrá, y Laguna nota que a pesar de todo, su madre continuó haciendo lo que era mejor para su hija.

Todo comenzó a cambiar cuando Laguna tenía cuatro años de edad, cuando su mamá conoció al hombre que ahora es su padrastro. Su trabajo exigía que él viajara con frecuencia, pasando los veranos en los Estados Unidos, y regresando a México durante los meses invernales.

Mientras todavía salían, en junio del 1999, él preguntó a la mamá de Laguna si quería inmigrar con él a los Estados Unidos, para una mejor vida para ella y para su hija. El resto, como va el refrán, es historia.

“Los Estados Unidos podía darnos algo que México no,” ella dice. “Mi papá, porque es de clase media, pudo obtener una visa para venir a este país legalmente. Desafortunadamente para mi mamá y yo, por la forma de que funciona la inmigración — necesitas tener cuentas bancarias y riqueza para obtener una visa para venir acá — simplemente cruzamos la frontera. Terminamos en Arizona, y cuando mi padrastro obtuvo su residencia, mi madre eventualmente obtuvo su visa también. Yo era una niña, entonces caigo bajo el acto DREAM.

No permanecieron en Arizona por mucho tiempo, mudándose a Nueva York antes del fin del año, como ahí era donde su padrastro eventual vivía en ese entonces. Y ahí fue donde puso sus raíces y se hizo un cuento de éxito americano.

“Porque era muy joven, definitivamente pude adaptar a lo que se considera el modo de vida americano,” dice Laguna. “Yo básicamente fui criada americana— ingles en las calles, y español en casa. Realmente se ha requerido más aprendizaje de mi parte para acoger a mi patrimonio mexicano.”

Tal vez el mayor reto, ella nota, fue la falta de apoyo familiar en que se basa la cultura mexicana. No había parientes cercanas para darle consejos, celebrar logros con ella, ni de quienes recibir fuerza durante momentos difíciles. “No conocía a mis primos ni tías ni tíos, era solo nosotros,” dice Laguna.

Eventualmente, ganó dos hermanos, pero como la mayor, quien comenzó sus estudios en los Estados Unidos y habla inglés con fluidez, tenía que tomar el papel de traducir por sus padres, volviéndose un enlace desde una temprana edad para su madre y el resto del mundo.

“Tenía que asumir el papel de traductora,” ella nota, “me hice la responsable en ese asunto con mis hermanas en el sistema escolar, traduciendo lo que querían los maestros, y tratando de adaptar y ayudar. También tenía que mantener la calma cuando otros se frustraban cuando tenía que traducir lo que mi mamá quería decir por la barrera de idioma.”

También nota que antes de que el acto DREAM entró en vigor, la paso mal viendo a sus amigos tomar sus primeros pasos hacia la edad adulta con licencias de conducir y carros, abriendo puertas a oportunidades a las que ella no tuvo acceso. “Me hizo más fuerte, simplemente esperando que algún día el gobierno americano cambiara eso,” nota Laguna. “No somos criminales, íbamos a la escuela y poniendo el esfuerzo. Entonces cuando el acto DREAM pasó, era el apogeo de mi vida. Estaba tan contenta de tener una oportunidad para trabajar, después de llorar y ser tan frustrada con el mundo.”

Continúa siendo una lucha, especialmente en el clima político de hoy. “Pienso en inglés, no en español,” ella dice. “Sería tan difícil si tuviera que regresar. Hablo español, pero mi idioma es el inglés. Es cómo me explico.”

Pero sus experiencias hasta ahora le han enseñado a ser fuerte, y enfrentar a cualquier desafío que aparece en su camino con su cabeza en alta. “Como una familia mexicana en este país hemos aprendido más de una vez lo que siempre ha estado aquí,” ella dice. “Podemos superar cualquier cosa—cualquier discriminación—con mantener la compostura. Nos hace más fuerte que nunca. Tenemos que pasar por algo difícil, y todavía estamos aquí, así que es algo positivo.”

Mientras mira hacia el futuro, tiene grandes sueños. Mientras la ley reciente permitiendo a los inmigrantes obtener préstamos estudiantiles llego muy tarde para ella, ella todavía cree que el trabajo persistente la llevará lejos en la vida. “Ahora mismo soy una asistente administrativa, pero aunque no tengo un trasfondo en educación, han visto cuanto he crecido como una persona con tan solo 24 años. Espero trabajar para ascender y contribuir a mis padres.”